Arte y pintura

Orgosolo: Un museo al aire libre

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Una inmensa pinacoteca de la historia, abierta al cielo para que el color respire y el arte no quede encerrado entre cuatro paredes. Orgosolo es un pueblo muy singular de la provincia de Nuoro, en el interior de Cerdeña (Italia).

 

 

 

 

 

 

Los muros de sus casas están cubiertos por cerca de 200 murales que representan hechos y personajes locales, de Italia y del mundo. Para conocer la historia de un pueblo todos solemos acudir a libros, artículos, hablar con sus gentes, en fin, documentarnos. Pocas veces son las que llegando a un lugar nos encontramos con una especie de libro abierto al aire libre que nos explique la historia no sólo de su población si no la historia reciente del mundo. Eso es lo que sucede en Orgosolo, un pueblo en el interior de Cerdeña, con sus cerca de 200 murales repartidos por los muros de sus casas.

 

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Orgosolo fue, durante muchos años, sinónimo de apenas tres palabras: pobreza, ovejas y bandidos. Hasta bien entrado el siglo XX, la historia de quienes durante siglos se habían habituado a vivir aislados del resto del mundo podía seguirse regularmente desde las páginas de los diarios sardos y nacionales. Reyertas, secuestros, asesinatos, venganzas... eran algo común en la Barbagia, la zona donde se ubica la población.

 

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Las calles de Orgosolo están repletas de historia, sus paredes hablan y cuentan, nos muestran las antiguas formas de vida de sus habitantes, habituados al pastoreo y la agricultura de supervivencia; nos enseñan los interiores de las viviendas y cómo las ancianas, vestidas de negro, esperan sentadas a la puerta de casa la llegada de la noche, tras la cual no habrá más que un nuevo día.

Más allá de esa cotidianidad, los muros también nos recuerdan luchas pasadas y actuales, cercanas y lejanas: la guerra de Vietnam, la Revolución Francesa, el golpe de Estado en Chile, la Guerra Civil Española, la del Golfo, la conquista de América, la represión en Tian An Men, la Intifada palestina, el 11 de septiembre en Nueva York...

 

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Los primeros murales datan de los años 60 y 70, años de efervescencia política y reivindicaciones que llegaron también a este lugar al que sólo se accede por la carretera angosta que rodea las montañas del Supramonte. Fue en 1969 cuando el grupo teatral anarquista de Milán Dionisio plasmó el abandono de la isla en un mural en Corso Repubblica, la calle principal de Orgosolo. El mural representaba un mapa de Italia, con Sicilia al sur y un signo de interrogación en el lugar que debía ocupar Cerdeña. Ese fue el primero y parecía iba a ser el último, a pesar de que otros pueblos de la zona, en especial San Sperate, estaban llevando a cabo la misma actividad.

 

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Fue años más tarde, en 1975, cuando el profesor Francesco del Casino propuso a sus alumnos orgolenses una actividad de investigación coincidiendo con el 30º aniversario de la Resistencia Antifascista italiana. Se trataba de plasmar en diversos carteles la participación en la contienda de los habitantes de un lugar tan olvidado por el que, parafraseando la canción, “por no pasar, ni pasó la guerra”. Así descubrieron con sorpresa que fueron muchos los orgolenses que se habían incorporado a la lucha partisana en la península italiana.

A raíz de esa investigación se crearon unos 200 carteles, algunos de los cuales se distribuyeron por las paredes del pueblo. Los carteles gustaron tanto que, para evitar su desaparición bajo las inclemencias meteorológicas, se propuso pintar algunos de ellos directamente en la pared. Y así, casi de casualidad, nació una práctica que aún perdura y que se ha convertido en un signo de identidad de sus habitantes.

 

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Con el cambio de década, los murales dieron paso a escenas más cotidianas, a un mural más artístico que político, aunque siempre reivindicativo. Los trazos del profesor Del Casino se notan en los dibujos de inspiración más picassiana y poscubista, mientras otros artistas locales daban otro aire a las propuestas.

Durante los años ’90 y esta primera década del siglo XXI, los murales han continuado invadiendo las paredes de Orgosolo, convirtiéndolo en un lugar visitado por turistas, curiosos y estudiosos de un fenómeno que se ha mantenido durante casi tres décadas.

 

Adaptado de un artículo de Maribel Herruzo en pagina12.com.ar

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